Si existe una manera de resumir el anhelo más profundo de mi corazón, debe ser mediante las palabras que encabezan este post. Te comparto por qué.

Hebel es la primera de las palabras pronunciadas por el Predicador en su largo discurso conocido como el Libro de Eclesiastés. Quizá te suene la frase:

«Vanidad (hebel) de vanidades (otra vez, hebel), dijo el predicador; vanidad (hebel, de nuevo) de vanidades (adivinaste, ¡hebel!) todo es (¿a qué no sabes?, ¡hebel!) vanidad».

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