La disciplina de iglesia comienza contigo… y debe seguir contigo

Hace un par de días, uno de mis contactos en Facebook (sí, ya tengo cuenta en Facebook) publicó la siguiente imagen:

He leído el artículo original, y aunque ha sido muy enriquecedor, hay una pequeña parte que me parece que debemos estudiar más detenidamente.

La frase en cuestión dice:

«Si no puedes reprender a alguien en amor, entonces deja que alguien que pueda hacerlo lo haga».

Según la instrucción dada por nuestro Señor Jesucristo en Mateo 18, es el ofendido quien tiene, y siempre tendrá, la responsabilidad de buscar que su ofensor llegue al arrepentimiento y la restauración. No le está permitido abandonar la tarea.

Esto no quiere decir que el ofendido deba hacerlo a pesar de su carencia de amor hacia el ofensor. Al contrario, el apóstol Pablo es muy claro cuando enseña que debemos hablar la verdad en amor (Efesios 4:15).

Entonces nunca debemos abandonar la tarea de reprender al hermano ofensor, sino lo que más bien debemos aprender a hacer es: Amarle como Cristo nos ama a nosotros.

Es interesante que justo después de la enseñanza de Jesús acerca de nuestra responsabilidad en reprender al hermano (Mateo 18:15-22), encontremos la Parábola de los Dos Deudores (Mateo 18:23-35) que nos recuerda que debemos perdonar como hemos sido perdonados. Y es que si no somos capaces de amar al hermano, es porque en realidad no lo hemos perdonado.

Si abandonamos la tarea para dejarla a otro que sí lo ame, estamos abandonando nuestra responsabilidad y dejando que nuestro orgullo gane. Caemos en el pecado.

Para confrontar a alguien con su pecado, se requiere el corazón y el amor de Cristo, quien nos amó hasta las últimas consecuencias.

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