Dios siempre será suficiente

«Pastor, quiero que ore por mi. Estoy pasando por un problema en mi matrimonio».

Estas fueron las palabras de la hermana, y de inmediato pensé: «Quiere platicarlo», así que le dí una cita.

El día pactado llegó a mi oficina y me comentó brevemente lo que estaba sucediendo, para después pedirme de nuevo que orara por ella. Al mismo tiempo yo insistía  - sutilmente -  que debíamos platicar un poco más. Yo creía que tenía que salir de allí con un consejo. Con una idea más o menos clara de lo que debía hacer. Mis esfuerzos fueron en vano, así que juntos rogamos por su matrimonio, especialmente porque Dios transformara el corazón de su esposo, y se fue.

Hace unos días estuvo de nuevo en mi oficina, llorando de felicidad. Me compartió que, de manera inexplicable su esposo se acercó a ella para hablar de la situación. Él reconoció su error y le hizo saber que estaba dispuesto a cambiar. Lo más importante es que humildemente reconoció su necesidad de Dios y le pidió que orara por él y que le compartiera más de la Palabra de Dios.

Todo esto sin ningún consejo de por medio. Ninguna otra acción que ella hubiera realizado para que el corazón de su esposo fuera transformado. Ella solamente oró, y confió la vida de su esposo y su matrimonio en las manos de Dios. Y Dios respondió de una manera maravillosa.

Creo que aún falta tiempo y trabajo en la vida de ambos para que la transformación sea completa; pero también debo entender que quizá no falte absolutamente nada. Por que existe la posibilidad de que Dios haya querido transformar su vida de una vez por todas.

Por lo pronto, esta experiencia me dejó una gran enseñanza, algo que en cierta manera había olvidado: Que Dios se puede encargar de todo. Que a veces no son necesarios los consejos, ni que la gente tome ciertas acciones en sus manos. Sólo confiar.

Él siempre será suficiente.

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