Cómo vivir en santidad

Cómo vivir en santidad
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«Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio y renueva un espíritu fiel dentro de mi»
–Salmo 51.10

El Salmo 51 es uno de los siete salmos de arrepentimiento1. Compuesto por David después de ser confrontado por el profeta Natán debido a su pecado con Betsabé (2 Samuel 12), este poema maravilloso nos muestra el evangelio, ya que David no sólo expresa su deseo de vivir en santidad, sino que también nos muestra cómo podía lograrlo.

Lo primero que notamos, es que David aceptó su responsabilidad, confirmando que el verdadero problema está profundamente arraigado en su corazón. David reconoció:

«Pues soy pecador de nacimiento, así es, desde el momento en que me concibió mi madre»
–Salmo 51.5

Por otra parte, exaltó el carácter puro de Dios, y consideró la reprensión como una muestra de la misericordia divina. Sin embargo, sólo pudo comprender esta realidad hasta después de haber sido confrontado por su pecado. 2 Samuel nos enseña que luego de la amonestación del profeta, David exclamó algo que resume muy bien el sentir del salmo 51:

«Pequé contra Jehová»
–2 Samuel 12.13

Aunque fue Urías quien fue directamente afectado por los pecados del rey, David reconoció que en última instancia había pecado contra Dios mismo. Él codició a la mujer de su prójimo, mintió, adulteró, y por último, asesinó (todas estas faltas tipificadas en la Ley de Dios). Su amor por sí mismo –por la satisfacción de sus propios deseos– fue mucho más grande que su amor por Dios y sus mandamientos; sin embargo, después de haber reconocido su pecado, y de comprometerse a vivir en santidad (rogando la ayuda de Dios), Dios lo perdonó.

David no se quedó encerrado en su pasado. Aceptó el perdón de Dios y comenzó a mirar hacia el futuro. Él no quería fallar de nuevo. Como todos los que amamos a Dios, él anhelaba vivir en santidad, pero ¿cómo podría lograrlo?

En ningún lugar del salmo 51 encontramos expresiones como: «Esta vez me ganó el pecado, pero para la próxima ocasión ¡yo seré más fuerte! ¡Lucharé con todas las fuerzas de mi ser!». Más bien, el rey suplicó:

«Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí»
–Salmo 51.10

Él sabía que para vivir en santidad no basta con huir de las tentaciones externas. Lo que realmente se requiere es una renovación profunda del corazón.

Por eso Ezequiel, mirando al futuro con esperanza, profetizó:

«Y les daré un corazón, y un espíritu nuevo pondré dentro de ellos; y quitaré el corazón de piedra de en medio de su carne, y les daré un corazón de carne, para que anden en mis ordenanzas, y guarden mis decretos y los cumplan, y me sean por pueblo, y yo sea a ellos por Dios»
–Ezequiel 11:19-20 y 36:26-27

Como David, el profeta reconoció que sólo después de la transformación profunda del corazón (el cambio de un corazón de piedra a uno de carne), su pueblo puede vivir conforme a sus ordenanzas. No hay otro camino.

Esa es la súplica de David; y lo mismo que necesitamos tú y yo: La obra del Espíritu Santo de Dios en nuestro corazón. Él es nuestro guía y consolador. Enviado por el Padre y por el Hijo para dirigirnos en el camino de la santidad.

Necesitamos ser llenos de Él.


  1. Los otros seis salmos de arrepentimiento son: 6, 32, 38, 102, 130, y 143.