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Ministrando para la gloria de Dios

«Pero Dios tuvo misericordia de mí, para que Cristo Jesús me usara como principal ejemplo de su gran paciencia con aun los peores pecadores. De esa manera, otros se darán cuenta de que también pueden creer en él y recibir la vida eterna.»

1 Timoteo 1.16

Es cierto que los caminos de nuestro Dios son inescrutables (Romanos 11.33), sin embargo, Pablo nos deja ver que Dios no escoge al azar. Él tiene un propósito aún en la elección de sus siervos.

Pablo comprende que cuando Dios lo llamó a su servicio, lo hizo para mostrar algo al mundo: Que su misericordia es grande y que también lo es su poder transformador. Y todo esto, ¿para qué? Para que todo tipo de pecadores —aún los peores— pudieran descansar por la fe en Él.

Muchas veces, al recordar nuestro pecado nos sentimos avergonzados. Es natural. ¿Pero qué quiere mostrarnos Dios con estas palabras? Para responder a esta pregunta, quizá primero deberíamos responder estas otras: ¿Qué quiso mostrarle a Pablo? ¿Cómo quiso que viviera después de comprender esta verdad?

Pablo debía vivir en humildad y gratitud, y ya no sólo por el don de la salvación, sino por la gracia recibida al haber sido considerado digno de estar en el ministerio —aunque en realidad no lo fuera. Él comprendía que la gloria nunca sería para él, sino para Aquél que lo había escogido y transformado en primer lugar.

Esto es algo que todos los que servimos en el ministerio debemos recordar: Estamos donde estamos, no por lo que somos, sino por lo que Dios es; por lo que Él ha mostrado en nosotros, y por lo que ahora quiere mostrar a través de nosotros: Su gracia infinita y su poder transformador.

Que el Señor nos permita mostrar esto, no solo con nuestras palabras, sino con la totalidad de nuestra vida.


Esta publicación forma parte de una serie de reflexiones de la Primera Carta del Apóstol Pablo a Timoteo. Puedes leer el resto de las entradas dando clic aquí.

Publicado por Emmanuel Castillo Robles

Buscando la gloria de Dios en medio del hebel.

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